Cuando un habano se termina

Cuando las hojas de tabaco se consumen; la ceniza y la anilla es lo único que tenemos físicamente, podemos decir que hemos vivid la experiencia de fumar. De alguna u otra manera se crean puentes de recuerdos al vivir este momento, puentes en los cuales las horas o minutos que estuvimos fumando se vuelven vivencias, añoranzas que solo a través del humo se pueden caminar.

Al ver los cambios de color en la ceniza, se refleja el transcurso del momento, el ir siento lentamente el placer de fumar. Conforme transcurren los minutos el humo se va volviendo más denso e intenso en aromas, así como la intensidad de las palabras, el fumar es crear una atmósfera de intimidad y confianza con los asistentes. Pero no les llamemos asistentes esta es una manera fría de mencionarles, ya que más que asistentes son; amigos, parejas, padres o inclusive hijos con los que se crean estos recuerdos.

Si terminamos un tabaco hasta sentir que nos quemamos literalmente los labios, se puede dar a entender que este tabaco será el favorito, el cual en algún punto observaremos desde lejos y recordaremos los momentos en que marco huella.

Si somos de los que guardamos los objetos para recordar, seguramente la anilla será un tesoro para los coleccionistas. La anilla nos puede dar la identidad del habano, así como la del fumador. Se puede recordar si el momento fue ideal para consumir un tabaco con intensidad fuerte o bien si fue para celebrar con una fortaleza suave, donde los sabores delicados enmarcaron el momento.

¿Que más nos queda al terminar de fumar? Esa es una pregunta difícil de responder, pero creo que se pueden conservar las ilusiones del momento, las risas y las miradas percibidas de esa ocasión. El humo nos puede reflejar sentimientos que se viven en esos instantes. Alrededor de un habano se pueden tener todo tipo de vivencias comenzando por celebrar el nacimiento de un barón o la unión del amor entre una pareja.

Dicen que recordar es volver a vivir, pues en mi opinión recordar es volver a sentir como los aromas y sabores percibidos esa ocasión van tomando fuerza y recuperando su intensidad en nuestro paladar. Evocar nuestro deseo por volver a fumar y obviamente por crear nuevamente esa noche, día o minutos.  Cada minuto que transcurre el habano en nuestros dedos, se van convirtiendo texturas en nuestro corazón que mediante estas podemos vivir la experiencia de la vida.

La vida es un baile en el cual cada uno escoge su canción preferida, en esta ocasión tenemos más de 250 tipos de habanos que se pueden volver música y letra en este. El sentir cada hoja de tabaco entre tus labios es la sintonía perfecta entre el placer y la sensatez.

Compartir un habano es hacer una sinergia con los cinco sentidos; sentir cada parte del momento, oler cada aroma que emana el tabaco, diferenciando la quema de las hojas, escuchar el sonido del fuego, tocar los cambios en la estética del habano, percibir en nuestra boca la sinfonía del sabor cubano.

Porqué cuando un habano termina lo que nos queda, es el momento y la anilla. Después de eso son los caminos o circunstancias que la vida nos pone. Esas batallas que se pelean día a día, de las cuales aprendemos y vamos formando nuestro camino. Un habano nos enseña a ir por el camino saboreándolo y celebrando la dicha de permitirnos sentir y arriesgarnos a buscar la felicidad.

Relacionados

JOIN THE DISCUSSION

Síguenos