El arte dentro de “La Corona”

Empezaré este escrito recordando una frase de una de mis canciones preferidas “La Flaca de Jarabe de Palo “Y en la cara dos soles que sin palabras hablan”. Mi primer viaje a la Habana me ayudo a entender que sí, realmente los ojos de los cubanos son dos soles, esto lo descubrí gracias a Lucí, una trabajadora de la fábrica “La Corona”.

Esta fábrica ubicada en el centro de la Habana, es donde se lleva a cabo la mayoría de la producción de Habanos en Cuba. Al entrar al lugar es conocer el corazón de las personas que laboran ahí, es darte cuenta del valor de un habano y no por valor me refiero al costo, sino al valor para los trabajadores, ya que para ellos es parte de su vida diaria y el trabajo de generaciones debido a que la mayoría de las personas tienen más de 10 años colaborando en el lugar.

Gracias a esta visita pude sentir el saber del pueblo cubano, darme cuenta que con solo sus manos y unas cuantas herramientas (una tabla de madera, un cortador, una goma vegetal, un cortador y una guillotina) pueden transformar unas hojas de tabaco en un producto que ha llevado a Cuba a ser referente mundial de la industria tabacalera.

Joaquín, un empleado que con sólo una esponja y un poco de engrudo coloca a mano cada una de las habilitaciones (etiquetas que forman parte de las cajas de los habanos) y al ver su sonrisa me hizo comprender que, al encender un habano, se están encendiendo los sueños y el espíritu de un pueblo, que en cada bocanada se siente el cariño de una Cuba, que por más de 500 años llevaba realizando este producto.

Cada cuarto de “La Corona” está destinado para un proceso en particular, me sorprendió ver el área de clasificación de “colores” y me impactó que, con solo el sentido de la vista, los trabajadores seleccionan los habanos en 5 grupos de colores; Encendido, colorado, verde botella, verde paja, sangre de toro y maduro.

 

Recorrer cada uno de los pasillos es volver al pasado donde sólo el saber humano y la habilidad de cada trabajador eran la base para la perfección y el éxito de un producto. Ese día entendí la diferencia entre un puro y un Habano, al ver el esfuerzo y dedicación de los trabajadores de las fábricas.

No puedo dejar de mencionar a la lectora del lugar, una de las principales colaboradoras de “La Corona”, la cual, la mayoría de los empleados le transmiten un cariño y un respeto absoluto, pues gracias a ella, torcedores, anilladores, escogedores, despalilladores y demás personal en sus jornadas laborales pueden imaginarse y viajar en un mundo lleno de arte y letras para así escapar por un breve tiempo de la realidad que los rodea como sociedad.

Más que una fábrica es un taller en el que cada artista pinta su obra con cada hoja que tuerce, con cada pincelada en la que selecciona las hojas para el habano, y al final plasma su arte en una caja, la cual debe tener un proceso de reposo en donde se coloca en el escaparate (bodega) donde el habano pasa un tiempo para que se termine de añejar. Para darle paso a la exhibición final que podemos observar en cada humidor en donde encontramos un habano.

Así que cuando acudamos a la galería (tienda) para seleccionar nuestro habano, nos estaremos llevando el corazón y el saber de un artista desconocido, un artista que en tan sólo unas   hojas te está regalando parte de su vida y sus sueños.

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