Las Puertas Perdidas de Cuba.

Cuando pensamos en Cuba, escuchamos una melodía al ritmo de un buen son. Imaginamos estar paseando en un carro viejo,  de esos que son descapotables, los famosos taxis de La Habana. En los que puedes percibir el espíritu cubano en su máximo esplendor.

No podemos dejar de mencionar al ron, gracias a este destilado  Cuba se ha posicionado  como unos de los principales productores de este. Es impensable imaginarse a la isla sin saborearnos un delicioso mojito, con ese toque fresco y cítrico característico de esta emblemática bebida.

¿Será posible describir un país  con tan solo unos  cuantos elementos? La mayoría de las personas nos dejamos guiar por lo cotidiano,  al recorrer un nuevo lugar, queremos probar y  conocer  lo típico de un lugar o  lo que está hecho   para el turista.

En mi experiencia al llegar a un nuevo lugar, lo que se debe hacer es recorrer realmente el corazón de ese sitio, ¿cómo poder lograrlo? de una manera muy simple y sencilla, recorriendo las calles de la ciudad o dejándote guiar por la sabiduría de los locales.

De esta manera fue como conocí a lo que llamo yo, ¨las puertas perdidas de Cuba¨. Esto lo descubrí al recorrer las calles de la vieja Habana. Llenas de arte y construcciones con diseños del siglo XIX.  Mientras escuchaba  los susurros de los turistas y  observaba  como corrían  para tomarse la foto en alguno de estos edificios. Fue  en ese momento cuando Zoe, una amiga cubana que nos acompañaba ese día nos llevó a conocer  una de estas puertas.

Este portón se encontraba tras una fachada, la cual pasaba sin importancia. Zoe nos dijo “vamos para que conozcan el museo de la maqueta”. Cruzamos esa puerta, y tras unas cortinas inmensas se encontraba la maqueta de la ciudad de la habana, si como se escucha una maqueta en pleno siglo XXI. Lo que teníamos enfrente de nosotros era la representación más perfecta y detalla de la capital de la isla.

Esta expresión de arte, ocupaba el tamaño de la habitación en la que nos encontrábamos. Y como no ocuparla si en ella  se encuentran plasmadas las calles, edificios, escuelas, monumentos, parques y por su puesto el capitolio cubano. En este bosquejo se pueden distinguir los grandes y antiguos hoteles, por ejemplo el hotel Nacional todo un emblema de lucha y resistencia para el pueblo cubano.

Este modelo a escala  nos muestra todas las calles, avenidas y vías de acceso de la ciudad, por supuesto el malecón y el fuerte ubicados en las orillas de la ciudad. Las casas, los comercios, perfectamente trazados, todos los elementos representados aquí, se pueden percibir en la vida diaria de una  sociedad que respira ilusiones.

Nos encontrábamos fascinados ante esta maravilla, pensábamos que ya no podíamos ver algo más sorprendente en este cuarto,  esto  me recordó una frase que decía mi abuela “cuando crees que lo has visto todo, no has visto nada”. Se hace una pausa en la exposición  para darle paso al momento en el que mediante  efectos de luz empieza a caer la noche en La Habana.

Así es la maqueta tiene un sistema eléctrico el cual representa un atardecer, se puede contemplar como los rayos del sol van cayendo por la ciudad. Cuando menos lo esperas comienza la noche, se empiezan  alumbrar los pequeños faros que se ubican por toda la ciudad, poco a poco se va iluminado la vida cotidiana de la isla marcada en este modelo. Para cerrar con broche de oro, demos paso  al amanecer, se comienzan     a escuchar  los cantos de los pájaros junto con  los primeros rayos de sol,  con esto puedes imaginarte el transcurrir de los días.

El conocer esta puerta perdida, me lleno de vida, de esperanzas e ilusiones. Me dejo con ganas de salir y querer perderme por un pueblo del cual me estaba enamorando cada día más.

Gracias Zoe por darme la oportunidad de conocer Cuba a través de mis sentidos, que mi vista observara el corazón de la isla, que mis odios entendieran un son cubano, el poder sentir como se me erizaba la piel mientras iba cayendo ese atardecer, donde una tierra huele a patria y sabe a un buen habano.

Ese día pensé en todas las puertas perdidas que podían existir en este sitio, estaba decidida a encontrar alguna otra. Pero como dicen deja que el destino te lleve y te acomode en el sitio adecuado. Así fue como encontré mi segunda “puerta perdida en la ciudad”.  La encontré  en uno  de los lugares más concurridos de la ciudad, el museo del ron.

Como todo buen museo nos describe  la historia, antecedentes, procesos y productos referentes al ron. El recorrido fue muy relajado, la joven que nos dio el paseo  era excelente, con una gran sonrisa y una felicidad abismal reflejada  en su rostro. Llegamos a la mitad del recorrido y fue en ese  momento cuando atravesamos una puerta, que nos llevó hacia una habitación  más grande y para mí  sorpresa a  mitad de este cuarto se encontraba otra  maqueta. Así que  de nuevo esta frente a mí, esta apasionante forma de representar un paisaje, sentimientos y una vida a diferente escala.

Esta obra de arte representa una fábrica azucarera de los años 30´S. Están plasmados todos los elementos de un lugar como este, desde la maquinaria hasta vías del tren. Pasando por todas las áreas de trabajo, cada una de ellas artísticamente detallada. La representación  cuenta con un sistema de iluminación, gracias a esto se pueden encender cada una de las luces que se encuentran en este modelo.

Este modelo plasma la vida del sector azucarero que fue tan importante en décadas pasadas, Cuba llego a ser el primer productor de azúcar del mundo.   Mis ojos  tuvieron la oportunidad de contemplar  a los trabajadores realizando sus actividades diarias, pude escuchar cómo se encendían  y apagan los motores de la  maquinaria representada en esta estructura. Su pintura esta finamente detallada, enmarca los diferentes tonos de grises y cobre que solo una fábrica de esta época nos puede reflejar.

Sin percatarme,  la señorita del recorrido oprime un botón, y  se empieza a escuchar el sonido de un tren a lo lejos, cuando de pronto  aparece una locomotora    antigua con luces y tracción. En el interior de sus vagones lleva pequeños trozos de carbón. El ferrocarril  recorre los alrededores de la fábrica, pasando por algunas áreas de trabajo. El ver esto me hizo recordar mi infancia, sentir esa felicidad que provocaba el pasar horas jugando con los trenes de juguete del  momento. Terminamos el recorrido como debía ser con un buen trago de ron y una fotografía que enmarca este momento.

Este día aprendí que una puerta te puede llevar a un mundo fuera de la  cotidianidad y a descubrir un lugar mediante  paisajes representados a pequeña escala. Así que cuando veamos una puerta como esta no dejemos pasar la oportunidad de atravesarla, recuerda no debemos juzgar al libro por su portada, ¿no sabemos hacia donde nos puede llevar?

 

Salud Cuba por ti y tus ¨ Puertas perdidas¨.

 

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